Cuando alguien encomienda la elaboración de un arreglo, debe tener en cuenta que el arreglista es un ser creativo y espontáneo, cuyo conocimiento, sensibilidad e imaginación le permiten ver más allá de lo ordinario. A veces, quien se encarga de montar el arreglo, pudiera caer en el error de modificar alguna parte sin consultar previamente a quien lo diseñó, porque advirtió que el sentido de un fragmento, una modulación y hasta la presencia de un acorde en un momento dado, no estuvieron claros para él. Peor aún, pudiera hasta llegar a eliminar algún enlace o un final y también modificar una frase de la melodía original, lo cual sería un exabrupto.

En conclusión, el arreglista, por ser el diseñador de su trabajo musical, es quien tiene la potestad de hacer las correcciones pertinentes.
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